Misterio premeditado

Como cuando te han dicho tanto que el Ratón de los dientes de leche vendrá a tu encuentro, que casi no puedes esperar a la mañana siguiente para cerciorarte de que se ha llevado un pedazo de ti. Así fue la sensación del reencuentro electrónico…

Como cuando Ulises creyó que finalmente llegaría a las costas de Ítaca y, frente a la playa añorada, un huracán de los dioses le arrebató la posibilidad de abrazar a Penélope. Eso fue verte frente a mí durante los tres minutos más cortos de la historia.

Como Alicia tras el Conejo Blanco, adentrándose en un mundo de sombrereros locos, gatos de acertijo, reinas desquiciadas, juegos de poder… sin saber si pintar rojo o blanco; si cuidar la cabeza o no. Así es ahora, y tal vez así será mañana, y luego de eso.