Ya que preguntas…

No habrá llamado para eso, pero las conversaciones telefónicas tienen algo parecido a la ubicuidad, y una capacidad para transformarse en medio del camino y ser muchas pláticas en una sola. Sabe Dios para qué habrá llamado. No pregunté, más bien no nos preguntamos nada, aunque en algún lugar paralelo de la conversación alguien habrá escuchado aquel fragmento inquietante de una novela extranjera.

-Entonces ¿qué quieres oír?

 -Quiero oír que cuando encontraste este sitio ya sabías para qué ibas a venir, que cuando trajiste la manta, ya sabías para qué la ibas a usar, que cuando viniste esta noche a buscarme ya sabías qué iba a pasar, y quiero oír que no has hecho preguntas para no escuchar respuestas que no te convenían, y que has cruzado los dedos para que yo no cruzara las piernas, y que no podías aguantar más, que es superior a tus fuerzas, que me tenías tantas ganas que si te hubiera suplicado con lágrimas en los ojos que me respetaras, tú habrías hecho lo mismo conmigo. Eso quiero oír…

Malena es un nombre de tango. Almudena Grandes

 

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