Cuando La Habana se dibuja de lejos (+ fotos)

                                                                                                                                                Al aniversario de esta ciudad

Nota: La deuda está casi saldada, en un texto raro que sirve de mero acompañamiento a unas fotos maravillosas

Fotos: Ladyrene Pérez/ Texto: Rosana Berjaga

A veces La Habana se dibuja de lejos sumergida en atardeceres ocres y soles vespertinos. La verdad es que puede dibujarse así o a pleno día, ella se sabe comodín de los requerimientos del ánimo, según designios de almas maniatadas por la costumbre.

Sí es cierto que La Habana está exhausta de que la canten poetas y la sueñen migrantes inconformes. Cierto que anda agotada de que no la dejen dormir amores trasnochados y desfiles profusos. Cierto.

¡Al infierno la paranoia con las miles de fotografías de sus ruinas, si bajo los escombros vuelven a nacer los árboles! ¡Oídos sordos a la esquizofrenia de plaza sitiada! La Habana quiere que la dejen ser, así en claroscuro, en matices, en luces y sombras.

Niña mimada de antiguos lujos prestados y contradictorios florecimientos, le vale más el recuerdo de la última pisada de luna sobre el sendero de adoquines o del vuelo de una bicicleta de niño entre los charcos de la calle, que el colorete póstumo a edificios convertidos en parques y bares abarrotados de turistas. Pero hay que sobrevivir, se dice, cuando sobre los sueños solo permanecen en pie pocas y nobles esperanzas. Sigue leyendo

Paganidad y herejía

Ninguna ilusión debería llevar el apellido de pagana. A toda honra, a toda fe, la ilusión eleva lo que no cabría en el imaginario del cuerdo, del curado de espanto, del tonto descreído. No debería ilusión alguna tildarse tampoco de hereje. No debería.

De ilusiones voy hecha. Pequeñas y extrañas fececitas que -según alguna controvertida ley de dios- paganas y herejes, me harán llevar a la hoguera.

Bienvenidos al futbito de barrio

Al principio me pareció que asistía a la cobertura del tardío Mundial del barrio y creí que hacía fotos de deporte, pero luego alguien me hizo caer en la cuenta de que no. No eran fotos de deporte, no solo por obvias fallas de reglas, sino porque la historia estaba en otra parte.

Por esta época en mi barrio se juega fútbol, como una vez se jugó voleibol, cuando eran los reyes de ese deporte nuestros gloriosos morenos y morenas. Con el mismo ímpetu con el que se jugó pelota cuando la Serie Nacional estuvo en su punto o el equipo Cuba andaba recolectando triunfos por el mundo, ahora lo que se hace es darle duro al balón.

Descalzos, con los zapatos de la escuela o los destinados solamente al deporte, pies de todos tamaños y colores hacen rodar la pelota, imitación al menos en espíritu y rendimiento, de la reciente brazuca. A toda hora, mientras las vacaciones duren. Al caer la tarde cuando se retomen las faenas escolares. ¿Quién puede dudar que sobre el terreno se encuentren las más relevantes figuras del balompié mundial, si a ratos alguien narra que Cristiano ha pasado la esférica a Van Persie, y Robben ha corrido hasta el área para pasarla a Müller, quien ha hecho el disparo que detuvo Navas?

Perdónenme si antes creí traerles fotos de deporte, enmendado queda el error: bienvenidos a mi barrio.

Que el tiempo no se robe tu infancia

A Lady la quiero como se quiere a los hermanos pequeños, incluso cuando sé que ella es grande y talentosa. 😀

Este es un trabajo que hicimos de conjunto para el sitio web de noticias Cubadebate, espero lo disfruten, porque a mí me pareció irresistible la sensibilidad de estas fotografías.

Fotos: Ladyrene Pérez/ Texto: Rosana Berjaga

Yo pido todos los días que el tiempo no me robe la infancia. Que la premura de crecer y dejar atrás las vergüenzas de la edad, no me permita echar de lado los buenos recuerdos de mis días de uniforme.

Ya que no me quedan minutos para jugar al pon o saltar la suiza; ahora que casi olvido como tirar los yaquis y me agarra la nostalgia de forrar libretas, cada jornada comienza con el firme propósito de no perder la espontaneidad para enfrentarme a la vida.

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Una canción para Rosana

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Si él no tuviera voz de trueno.

Si escuchara a Sabina, a Silvio, a los Fitipaldis…

Si cuando pone los rizos sobre la almohada no quedara dormido de manera instantánea.

Si cuando dice mi nombre completo no pareciera un regaño.

Si no cambiara la S por una X en Rosana, cosa que hace solo para molestarme.

Si su teléfono parase de sonar y si su timbre no fuese la canción más estruendosa de Tendencia.

Si no fuese Virgo, como yo.

Si no quisiera competir conmigo todo el tiempo.

Si no me hablara de fútbol y me pasara el brazo por encima como si fuera un socio del barrio…

Entonces, quizá me regalaría una canción que llevara mi nombre o escribiría poemas, inspirado en la sombra que hace mi cuerpo sobre la pared, cuando solo queda en el cuarto la luz del televisor.

Pero no.

Es por eso que su voz de trueno me despierta con poemas de otros, porque dice que no hay mejor desayuno que huevos fritos, chocolate y poesía.

Sabina no le llega a los talones a la Sicodélica Estelar cuando él prende las bocinas y hace el baile del “sentimiento y palitroque”.

Se queda dormido porque hacer buenas acciones todo el día lo agota mucho (es lo que me dice).

Me llama por mi nombre completo porque fue el que me pusieron y es muy bonito como para olvidarlo. Claro, sería más bonito si se escribiera con X, me dice.

Y Tendencia es lo nacional, no puedo culparlo por eso.

Por ser Virgo y siempre competir conmigo, sabe que me gana si me regala mariposas y que la feminidad, la participación, la acción comunitaria y la educación, son de los temas que más me interesan.

Me habla de fútbol porque sabe que en el fondo me muero de ganas de restregarle que mi equipo es mejor que el suyo, aunque la discusión nos cueste la palabra, como sucede con los mejores socios del barrio.

De ahí que sea yo quien escriba poemas de las figuras que hace su sombra en la pared, de su voz de trueno, de sus flores, de lo que no me regala.

Atrapasueños

Robándole sueños a la suerte…

Sucede que me pasa lo que a Benedetti: “Cuando ven que cabeceo, las pesadillas hacen cola.” De modo que esta mañana me levanté dispuesta a encontrar soluciones y he colgado un atrapasueños en la ventana de mi cuarto. No soy supersticiosa, pero en épocas de crisis todas las soluciones son bienvenidas.