Una canción para Rosana

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Si él no tuviera voz de trueno.

Si escuchara a Sabina, a Silvio, a los Fitipaldis…

Si cuando pone los rizos sobre la almohada no quedara dormido de manera instantánea.

Si cuando dice mi nombre completo no pareciera un regaño.

Si no cambiara la S por una X en Rosana, cosa que hace solo para molestarme.

Si su teléfono parase de sonar y si su timbre no fuese la canción más estruendosa de Tendencia.

Si no fuese Virgo, como yo.

Si no quisiera competir conmigo todo el tiempo.

Si no me hablara de fútbol y me pasara el brazo por encima como si fuera un socio del barrio…

Entonces, quizá me regalaría una canción que llevara mi nombre o escribiría poemas, inspirado en la sombra que hace mi cuerpo sobre la pared, cuando solo queda en el cuarto la luz del televisor.

Pero no.

Es por eso que su voz de trueno me despierta con poemas de otros, porque dice que no hay mejor desayuno que huevos fritos, chocolate y poesía.

Sabina no le llega a los talones a la Sicodélica Estelar cuando él prende las bocinas y hace el baile del “sentimiento y palitroque”.

Se queda dormido porque hacer buenas acciones todo el día lo agota mucho (es lo que me dice).

Me llama por mi nombre completo porque fue el que me pusieron y es muy bonito como para olvidarlo. Claro, sería más bonito si se escribiera con X, me dice.

Y Tendencia es lo nacional, no puedo culparlo por eso.

Por ser Virgo y siempre competir conmigo, sabe que me gana si me regala mariposas y que la feminidad, la participación, la acción comunitaria y la educación, son de los temas que más me interesan.

Me habla de fútbol porque sabe que en el fondo me muero de ganas de restregarle que mi equipo es mejor que el suyo, aunque la discusión nos cueste la palabra, como sucede con los mejores socios del barrio.

De ahí que sea yo quien escriba poemas de las figuras que hace su sombra en la pared, de su voz de trueno, de sus flores, de lo que no me regala.

4×3 (metros cuadrados)

Para Wichy

Esa habitación huele a soledad

y a húmedo

y a casa corrompida por el moho.

una, así de pronto, no repara en ello

mientras el fango de la avenida

no se te pega lujurioso a las piernas

y el viento lucha

por levantarte la saya de un tirón inesperado.

Quizá solo entonces, se percata una

De que nunca había repasado detenidamente

Ese cuatro por tres de paredes hipóxicas

Que llama deliberadamente “cuarto”.

Esos muros manchados de tinta roja

Y palabras ajenas.

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Poema de un amor obsesivo-compulsivo

Por: Neil Hilborn*
“La primera vez que la vi…
Todo en mi cabeza se silenció
Todos los ticks, las imágenes constantes desaparecieron.
Cuando tienes trastorno obsesivo compulsivo en realidad no tienes momentos callados.
Inclusive en la cama estoy pensando:
¿Cerré las puertas? Sí
¿Me lavé las manos? Sí
¿Cerré las puertas? Sí
¿Me lavé las manos? Sí Sigue leyendo

Intimidad

Texto: Kim Addonizio*

Espresso…

La mujer que prepara mi capuchino en la cafetería—ojos oscuros, cabello rojo teñido, cuello de tortuga negro y sin mangas—fue la amante del hombre con quien salgo ahora.

Ella no me conoce; somos extraños, y sin embargo no puedo mirarla casualmente, como solía hacer antes de saberlo. Ella está junto a la máquina, hundiendo la válvula en la espuma de la leche, mirando al vacío—no sé qué es lo que piensa. Sigue leyendo