Fuera de Cuba

Capitolio

Fuera de Cuba viven hoy varios trozos de mí. Casi todos partieron soñando un pronto regreso… los años han pasado uno a uno. Yo no puedo siquiera imaginarme cómo será mi vida si algún día tengo que alejarme definitivamente del bullicio de mi calle o decir adiós a mis dos sobrinos. No sé cuán fácil o difícil será caminar por otras avenidas, subirse a un metro, comer McDonald´s, comunicarse por Skype, volverse adicto al teléfono, a los selfies… solo tengo certeza de que allá, donde quiera que se esté, anda uno todo el día buscando, intentando hacerse un huequito por donde mirar la cúpula del Capitolio, por donde respirar este mar de aguas impredecibles.

 

(Regalo pa los amigos de todas partes…)

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Medias despedidas

Y donde nadie podía imaginarlo te marchaste tú...

Y donde nadie podía imaginarlo te marchaste tú…

Mientras pasaban los años, te imaginaba viajando en la bodega de un barco de papel sin agitar pañuelos a la vieja usanza. Hubiera preferido algún transporte en el que no corrieras el peligro de perderte para siempre en el mar, donde pudieras salir a la escotilla a despedirte del mundo que dejabas. Pero los dos íbamos ya creciditos como para creernos el cuento de Peter Pan y el polvo mágico de hadas.

 

Destiempo

Bandera y tumba

En ese momento, él solo pudo recordar el último lugar donde la había visto.

– ¡Qué jodidas son las despedidas múltiples!, pensó.

En el sitio donde Alberto había enterrado a su madre justo antes de salir de Cuba, la bandera nacional había sido reemplazada siete veces. Las telas de ahora no resisten los años como antes.

Adiós Charlie Brown… y regresa

Charlie espera por su pasaporte

Charlie espera por su pasaporte

Allí, sentado en una de esas sillas que conforman el salón de espera de una de las oficinas del carnet de identidad en Guanabacoa, estaba él. Tranquilo, paciente, junto a su madre, mirando con detenimiento algo que definitivamente le llamaba más la atención que el grupo de personas aburridas y parlanchinas, sentadas a su alrededor. No pregunté su nombre, pero de lejos lo bauticé como Charlie Brown. Sigue leyendo

Alas para la libertad

Para la libertad solo se necesitan alas en el corazón

Para la libertad solo se necesitan alas en el corazón

Llevo varios días buscando un pretexto para escribir este post. Los sabios blogueros dirán que si debo encontrar una excusa para comenzar a escribir, entonces poco futuro queda para este blog que nace hoy. No obstante, yo quiero creer que sí necesitaba una buena razón para escribir y estoy segura de haberla encontrado.

Así que te anuncio: este blog es para quienes aún conservan el corazón puro y el alma inocente. Ya no con el objetivo de pronunciar las palabras mágicas para abrir el túnel con la lámpara de Aladino, sino para encontrar una ruta hacia el inicio, a los años de los pies descalzos y la mente como esponja.

Este es un blog para volver a la raíz de lo que somos y recordar los sueños de la infancia, cuando aún anhelábamos ser maestros o médicos o periodistas… En aquel entonces el mundo parecía tan grande, que se nos hacía increíble imaginarnos recorriéndolo en 80 días.

Por tanto, me atrevo a escribir que esto será una evocación a la libertad, pues yo nunca fui tan libre como en mi niñez.  Y digo LIBERTAD, esa verdadera que solo experimentan los “pequeños humanos”. Este es mi pretexto. Porque mientras esperaba el motivo para garabatear estas líneas, escuché la noticia: Hoy Cuba se abre al mundo; los cubanos ejercen su derecho a moverse libremente y los niños podrán viajar –de manera temporal- sin necesidad de engrosar la tasa de emigrados en el mundo. Para cualquier otro, quizá este último dato pudiera pasar inadvertido, pero no para mí.

Yo solo pude pensar en mis sobrinos: en Edel (3 años) mientras canta a media letra que quiere “conocer amigos de aquí y allá” y en Ernesto (6 años) cuando repite que dará “la vuelta al mundo montado en un burrito”.

Mi pretexto para escribir este post es la alegría por todos los niños protagonistas futuros de estas páginas y que hoy tienen alas más grandes para sobrevolar el universo. Mi excusa es la seguridad de que estos niños no se convertirán en nuevos Elianes y Peter Pan.

Después de las preliminares, te invito a conversar en primera persona: Yo Me Mi… pero Contigo.