Énfasis

 

 

Si ahora apagas esa luz, no sé cómo vamos a encontrarnos en esta penumbra ondulante e imprecisa. Si te acercas a ese interruptor y todo se vuelve oídos y manos y lenguas, tendremos que estar atentos para no confundir el roce, para dar con el poro correcto donde dejar descansar las ganas de sentirnos. Piénsalo bien. Haz matemáticas y dibuja una parábola que te lleve directo hasta mí, si quieres que en este laberinto de sombras tus deseos vayan sobre los míos sin que ella note siquiera que en esta habitación deberíamos ser dos, en lugar de tres.

Dientes de león

Mi cuerpo atomizado en el éter. Cientos y cientos de copitos blancos en busca de la luz, que irán a parar irremediablemente bajo sus pies… Él anda por ahí despreocupado, sin saber, sin imaginar que vuelo hecha pedazos -itinerante y sumisa- así como los dientes de león.

Foto: Ladyrene Pérez

Foto: Ladyrene Pérez

Foto: Ladyrene Pérez

Foto: Ladyrene Pérez

 

 

 

 

Mirando desde Regla

No visito mucho la casa de mi tía Celita, a pesar de que ella y mis primas me lo piden todo el tiempo. Regla me queda muy lejos, la verdad, y montarse en una ruta 5 cualquier día de la semana, a cualquier hora que escojas, es todo un desafío. Sin embargo, tengo que aceptar que el lugar tiene su encanto, aún cuando mi tía no vive -ni mucho menos- en un barrio opulento, sino que, por el contrario, está rodeada de humildad. Quizá es precisamente eso, Sigue leyendo

Buques o botes… tú eliges

Sueño en las noches con barcos y muelles. Con la soledad de los muelles y de los barcos aparcados en ellos. Pienso en la analogía con la cotidianidad y en cómo hay personas imponentes como buques, que siempre encuentran su sitio; y pienso también en las otras, esas que no van más allá de ser pequeños y frágiles botes, para quienes la orilla se parece demasiado a la tempestad. Sigue leyendo

Aterrizajes y sueños

Cuando me percaté de que mis brazos jamás se convertirían en alas, entendí el por qué de las aeronaves. Me dediqué entonces a perseguirlas con la vista y dibujar con el dedo piruetas imaginarias. Sigue leyendo

¡Hereje!

– Si los españoles también van al cielo, yo no tengo nada qué hacer ahí.

Fueron sus últimas palabras. Luego la hoguera se alzó al infinito y terminó por reducir a Hatuey a cenizas. Ardió el hereje bajo un fuego insípido que logró apagar el cuerpo, pero resultó que los restos rebeldes nunca dieron paz a las ganas de la libertad.

Batalla final

Voy a pedirte que me liberes. Lo haré muy bajo porque confieso que se escapará de mi boca contra toda voluntad.

Pero voy a pedirlo de igual manera, para evitar que perezcan en esta guerra fratricida, las dos mujeres que me habitan.