Misterio premeditado

Como cuando te han dicho tanto que el Ratón de los dientes de leche vendrá a tu encuentro, que casi no puedes esperar a la mañana siguiente para cerciorarte de que se ha llevado un pedazo de ti. Así fue la sensación del reencuentro electrónico…

Como cuando Ulises creyó que finalmente llegaría a las costas de Ítaca y, frente a la playa añorada, un huracán de los dioses le arrebató la posibilidad de abrazar a Penélope. Eso fue verte frente a mí durante los tres minutos más cortos de la historia.

Como Alicia tras el Conejo Blanco, adentrándose en un mundo de sombrereros locos, gatos de acertijo, reinas desquiciadas, juegos de poder… sin saber si pintar rojo o blanco; si cuidar la cabeza o no. Así es ahora, y tal vez así será mañana, y luego de eso.

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Cuando La Habana se dibuja de lejos (+ fotos)

                                                                                                                                                Al aniversario de esta ciudad

Nota: La deuda está casi saldada, en un texto raro que sirve de mero acompañamiento a unas fotos maravillosas

Fotos: Ladyrene Pérez/ Texto: Rosana Berjaga

A veces La Habana se dibuja de lejos sumergida en atardeceres ocres y soles vespertinos. La verdad es que puede dibujarse así o a pleno día, ella se sabe comodín de los requerimientos del ánimo, según designios de almas maniatadas por la costumbre.

Sí es cierto que La Habana está exhausta de que la canten poetas y la sueñen migrantes inconformes. Cierto que anda agotada de que no la dejen dormir amores trasnochados y desfiles profusos. Cierto.

¡Al infierno la paranoia con las miles de fotografías de sus ruinas, si bajo los escombros vuelven a nacer los árboles! ¡Oídos sordos a la esquizofrenia de plaza sitiada! La Habana quiere que la dejen ser, así en claroscuro, en matices, en luces y sombras.

Niña mimada de antiguos lujos prestados y contradictorios florecimientos, le vale más el recuerdo de la última pisada de luna sobre el sendero de adoquines o del vuelo de una bicicleta de niño entre los charcos de la calle, que el colorete póstumo a edificios convertidos en parques y bares abarrotados de turistas. Pero hay que sobrevivir, se dice, cuando sobre los sueños solo permanecen en pie pocas y nobles esperanzas. Sigue leyendo

Bienvenidos al futbito de barrio

Al principio me pareció que asistía a la cobertura del tardío Mundial del barrio y creí que hacía fotos de deporte, pero luego alguien me hizo caer en la cuenta de que no. No eran fotos de deporte, no solo por obvias fallas de reglas, sino porque la historia estaba en otra parte.

Por esta época en mi barrio se juega fútbol, como una vez se jugó voleibol, cuando eran los reyes de ese deporte nuestros gloriosos morenos y morenas. Con el mismo ímpetu con el que se jugó pelota cuando la Serie Nacional estuvo en su punto o el equipo Cuba andaba recolectando triunfos por el mundo, ahora lo que se hace es darle duro al balón.

Descalzos, con los zapatos de la escuela o los destinados solamente al deporte, pies de todos tamaños y colores hacen rodar la pelota, imitación al menos en espíritu y rendimiento, de la reciente brazuca. A toda hora, mientras las vacaciones duren. Al caer la tarde cuando se retomen las faenas escolares. ¿Quién puede dudar que sobre el terreno se encuentren las más relevantes figuras del balompié mundial, si a ratos alguien narra que Cristiano ha pasado la esférica a Van Persie, y Robben ha corrido hasta el área para pasarla a Müller, quien ha hecho el disparo que detuvo Navas?

Perdónenme si antes creí traerles fotos de deporte, enmendado queda el error: bienvenidos a mi barrio.

Sincronicidad de Jung (+fotos)

Causalidad No.1

Yo estaba allí cuando Armstrong nació, escuchando parirle en medio de los acordes, como una visión del pasado. Ciento trece años después, pero allí. Sin saber que no era casual la elección de What a wonderful world como tema de apertura para una noche diferente.

Un 4 de agosto, a pocos días de nacer yo también, y pretendiendo mirar al cielo. H está tumbado a mi lado, posando para mi lente y reconstruyendo los destrozos del último fuego. No le gusta el jazz, no le gusta que mientras suena como pretexto, yo le obligue a reinventarse y a mirarse de la garganta hacia dentro; pero se deja llevar por la síncopa de Los músicos de jazz, aunque tampoco le gusta Pimienta, aunque mi mundo lo aterra. Yo creo que ahora él también está viendo nacer a Armstrong y ha decidido dejarle ser. Entre nosotros, ha decidido dejarle sonar.

«Los músicos de jazz no pertenecen a la misma especie
que el resto de los hombres. Son solo sombras,
siluetas de colores sin nombres ni familia.»
H a dos tonos

 

Causalidada No.2

Se quebró. Se agotó de rodar por los suelos, de ser estrujado entre papeles y estuches. Se cansó de transportar ideología, ocio, sueños, experimentos torpes con luz, mi HDD.

Ella parece intuirlo, ¿acaso imagina que ando con los ánimos bajos? ¿Es posible que haya presentido el abandono de mi HDD, la orfandad de información, la desolación de ceros y unos? Sería jugar demasiado con la metafísica, tensar de más las cuerdas de la teoría. Pero deja qué pensar…

Si va cayendo la noche, a ella le da por fotografiar mi atardecer y mis colores, los que veo desde la azotea donde pienso cómo hacer fotos-respuesta, fotos-regalo. Si nos llueve, como anoche, o antes de anoche, o el día aquel en que lo vio, pero andaba sin cámaras; entonces entonces nos leemos a Pimienta y hacemos instantáneas de arcoíris, de pájaros, para que se nos vaya lo gris, para sorprendernos con la causalidad.

«(…) Y grandes fotos. Inmensas fotos
de otros músicos de jazz, llorosos.
Fotos desenfocadas y húmedas,
cargadas de electricidad estática.»

Oblivion (+fotos)

Los colores son para ti…

Para el olvido, los angloparlantes tienen esta palabra divina sin traducción exacta posible. Oblivion no es desmemoria, es más bien no existencia, no conciencia, lo que no está “después de”; como las estatuas del parque que, pasado un tiempo solo recuerdan los pájaros o como la caída del sol en algún lugar común, que vienen a (re)descubrirnos los turistas.

Los colores del atardecer

Resaca de amores

foto: Roberto Morejón Rodríguez

foto: Roberto Morejón Rodríguez

Mientras cae el agua, hay jornadas en las que me pregunto si el día me llueve o soy yo quien llueve sobre el día. Él, que fue mi amigo antes de convertirse en mi hombre, solía decirme que sobre La Habana solo llueve a cántaros cuando tengo el alma triste. Hace días que mi teléfono no suena: tal vez ya no se percata de que La Habana se cae a nubarrones, de que las calles están sembradas con sombrillas…

Ella, que sí nota cómo el cielo se deshace sobre nuestras cabezas, recuerda la tormenta perenne y me escribe:

Un poemilla de Antonio Cisneros para la resaca de amores 🙂 feliz día

1.

Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa mas aburrida del suburbio
no habrian primaveras ni otoños ni inviernos ni veranos.
Pero no.
Las estaciones se cumplieron
como estaban previstas en cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar
por ti.

2.

Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire
Gran Estilo
Gran Velocidad
Gran Altura.

3.

Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo
Imposible Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.

4.

No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo el frasco de Nescafé me dura el doble,
el triple las hojas de afeitar.

Cuatro Boleros Maroqueros. Antonio Cisneros

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temblores personales

No puedo asegurar que todos vayamos motivados por lo mismo, pero no reafirmaré eso de que van los cubanos cabizbajos y como manada al 1ro de mayo. No voy a hablar por otros. Voy a utilizar solo pronombres personales.

Sigo diciendo que nadie debería saltar de la cama antes de las 7 am; excepto, claro, cuando sabes que tendrás la satisfacción de ver un pueblo diferente, eufórico si se quiere, apartado por unas horas de las preocupaciones cotidianas. Luego, está también la ilusión de poder contribuir a que otros vean tu pueblo bajo tu visión y, saber que, mientras lo haces, abrazarás a esos amigos que no tienes todos los días y que son parte importante de tu vida.

Ya dije que no hablaría por otros, pero a mí, a mí me ha hecho feliz estar. Algo me queda de la euforia contagiosa de la conga y de las cornetas, a pesar del madrugón que me sacó de casa casi 4horas antes de que comenzara esto. No sé la tierra, pero yo ando temblando todavía.