Venganza

¡Ojalá me llegaran ahora en ráfagas las palabras! Para escribirlo todo de golpe y quedarme vacía. Para deshacerme de ti en un solo borrón.

Y comenzar de nuevo

Otra historia

Sin personajes

Solo descripciones frívolas

En una hoja limpia.

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Tú eres como mi isla

Él tiene los ojos a medio sonreír y el entusiasmo de Cristóbal Colón y Marco Polo juntos. Tiene también el ansia conquistadora de Alejandro Magno, y la ambición de llegar a regiones prístinas y valles inexplorados de mi ser. Ha dicho que viene a redescubrirme… a repoblarme de sentimientos extraviados.

Para él poco importa que yo no me traiga el corazón a este evento. Al menos no ahora. Él me mira de frente y a rajatabla me impele: “Eres como mi isla: compleja, inexplicable, a veces desconcertante. Entre más me acerco, menos te entiendo. Pero no me voy, Rosana. No me voy”.

Y sin importar mi susto, planta bandera. Y alista los pendientes. Y se queda sin explicarme si será para siempre, si seré colonia o república…

Paganidad y herejía

Ninguna ilusión debería llevar el apellido de pagana. A toda honra, a toda fe, la ilusión eleva lo que no cabría en el imaginario del cuerdo, del curado de espanto, del tonto descreído. No debería ilusión alguna tildarse tampoco de hereje. No debería.

De ilusiones voy hecha. Pequeñas y extrañas fececitas que -según alguna controvertida ley de dios- paganas y herejes, me harán llevar a la hoguera.

Sincronicidad de Jung (+fotos)

Causalidad No.1

Yo estaba allí cuando Armstrong nació, escuchando parirle en medio de los acordes, como una visión del pasado. Ciento trece años después, pero allí. Sin saber que no era casual la elección de What a wonderful world como tema de apertura para una noche diferente.

Un 4 de agosto, a pocos días de nacer yo también, y pretendiendo mirar al cielo. H está tumbado a mi lado, posando para mi lente y reconstruyendo los destrozos del último fuego. No le gusta el jazz, no le gusta que mientras suena como pretexto, yo le obligue a reinventarse y a mirarse de la garganta hacia dentro; pero se deja llevar por la síncopa de Los músicos de jazz, aunque tampoco le gusta Pimienta, aunque mi mundo lo aterra. Yo creo que ahora él también está viendo nacer a Armstrong y ha decidido dejarle ser. Entre nosotros, ha decidido dejarle sonar.

«Los músicos de jazz no pertenecen a la misma especie
que el resto de los hombres. Son solo sombras,
siluetas de colores sin nombres ni familia.»
H a dos tonos

 

Causalidada No.2

Se quebró. Se agotó de rodar por los suelos, de ser estrujado entre papeles y estuches. Se cansó de transportar ideología, ocio, sueños, experimentos torpes con luz, mi HDD.

Ella parece intuirlo, ¿acaso imagina que ando con los ánimos bajos? ¿Es posible que haya presentido el abandono de mi HDD, la orfandad de información, la desolación de ceros y unos? Sería jugar demasiado con la metafísica, tensar de más las cuerdas de la teoría. Pero deja qué pensar…

Si va cayendo la noche, a ella le da por fotografiar mi atardecer y mis colores, los que veo desde la azotea donde pienso cómo hacer fotos-respuesta, fotos-regalo. Si nos llueve, como anoche, o antes de anoche, o el día aquel en que lo vio, pero andaba sin cámaras; entonces entonces nos leemos a Pimienta y hacemos instantáneas de arcoíris, de pájaros, para que se nos vaya lo gris, para sorprendernos con la causalidad.

«(…) Y grandes fotos. Inmensas fotos
de otros músicos de jazz, llorosos.
Fotos desenfocadas y húmedas,
cargadas de electricidad estática.»

Tengo un hombre y no

Tengo un hombre aferrado a los ojos. Tengo su lengua, su pelo, sus brazos; su cintura agarrada a los ojos, sus manos. Me trepa por los ojos en busca del cerebro, una vez que el corazón ya no le interesa. Este hombre de grandes proporciones me nubla el resto de cosas: pierdo a cada instante el sentido real de las vueltas que da el mundo.

Una danza de otros hombres llenan mis horizontes de letras, mas no existe aquí otro horizonte que las letras de este hombre llenando mis ojos, pintando con esas manazas enormes en las que cabe el universo, mariposas, esperanzas.

Resaca de amores

foto: Roberto Morejón Rodríguez

foto: Roberto Morejón Rodríguez

Mientras cae el agua, hay jornadas en las que me pregunto si el día me llueve o soy yo quien llueve sobre el día. Él, que fue mi amigo antes de convertirse en mi hombre, solía decirme que sobre La Habana solo llueve a cántaros cuando tengo el alma triste. Hace días que mi teléfono no suena: tal vez ya no se percata de que La Habana se cae a nubarrones, de que las calles están sembradas con sombrillas…

Ella, que sí nota cómo el cielo se deshace sobre nuestras cabezas, recuerda la tormenta perenne y me escribe:

Un poemilla de Antonio Cisneros para la resaca de amores 🙂 feliz día

1.

Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa mas aburrida del suburbio
no habrian primaveras ni otoños ni inviernos ni veranos.
Pero no.
Las estaciones se cumplieron
como estaban previstas en cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar
por ti.

2.

Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire
Gran Estilo
Gran Velocidad
Gran Altura.

3.

Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo
Imposible Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.

4.

No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo el frasco de Nescafé me dura el doble,
el triple las hojas de afeitar.

Cuatro Boleros Maroqueros. Antonio Cisneros

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Las palabras de otros

Ella y yo pasamos horas hablando de casi cualquier cosa. Lo mismo de la lluvia que no cayó ayer sobre el patio, de las muchas especies de libélulas, de las extrañas frases sacadas de animados que aparecen de pronto en una conversación seria. Si ella me dice “rata inmunda” yo le respondo con un cariñoso “perra miserable”. Somos así de afectivas, es puro cariño, lo juro.

Ella es transparente. El afecto viene por ahí, porque es solo ella, sin más artificios para ser otra cosa que no sea ella misma. Se impone, porque es capaz de fotografiar con su alma las cosas que empapan la mía. De ella he aprendido más de lo que imagina. Sobre todo a mirar el mundo de una manera “asquerosamente sensible”, tremendamente poética. Sigue leyendo