Cuando La Habana se dibuja de lejos (+ fotos)

                                                                                                                                                Al aniversario de esta ciudad

Nota: La deuda está casi saldada, en un texto raro que sirve de mero acompañamiento a unas fotos maravillosas

Fotos: Ladyrene Pérez/ Texto: Rosana Berjaga

A veces La Habana se dibuja de lejos sumergida en atardeceres ocres y soles vespertinos. La verdad es que puede dibujarse así o a pleno día, ella se sabe comodín de los requerimientos del ánimo, según designios de almas maniatadas por la costumbre.

Sí es cierto que La Habana está exhausta de que la canten poetas y la sueñen migrantes inconformes. Cierto que anda agotada de que no la dejen dormir amores trasnochados y desfiles profusos. Cierto.

¡Al infierno la paranoia con las miles de fotografías de sus ruinas, si bajo los escombros vuelven a nacer los árboles! ¡Oídos sordos a la esquizofrenia de plaza sitiada! La Habana quiere que la dejen ser, así en claroscuro, en matices, en luces y sombras.

Niña mimada de antiguos lujos prestados y contradictorios florecimientos, le vale más el recuerdo de la última pisada de luna sobre el sendero de adoquines o del vuelo de una bicicleta de niño entre los charcos de la calle, que el colorete póstumo a edificios convertidos en parques y bares abarrotados de turistas. Pero hay que sobrevivir, se dice, cuando sobre los sueños solo permanecen en pie pocas y nobles esperanzas. Sigue leyendo

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Oblivion (+fotos)

Los colores son para ti…

Para el olvido, los angloparlantes tienen esta palabra divina sin traducción exacta posible. Oblivion no es desmemoria, es más bien no existencia, no conciencia, lo que no está “después de”; como las estatuas del parque que, pasado un tiempo solo recuerdan los pájaros o como la caída del sol en algún lugar común, que vienen a (re)descubrirnos los turistas.

Los colores del atardecer

El sol entre las manos (+fotos)

No es secreto que me gusta el atardecer, tal vez por la morbosa inclinación a ver la muerte del sol, el único capaz de morir de esa manera tan sangrienta cada tarde y renacer como si nada cada mañana. Sigue leyendo