Sincronicidad de Jung (+fotos)

Causalidad No.1

Yo estaba allí cuando Armstrong nació, escuchando parirle en medio de los acordes, como una visión del pasado. Ciento trece años después, pero allí. Sin saber que no era casual la elección de What a wonderful world como tema de apertura para una noche diferente.

Un 4 de agosto, a pocos días de nacer yo también, y pretendiendo mirar al cielo. H está tumbado a mi lado, posando para mi lente y reconstruyendo los destrozos del último fuego. No le gusta el jazz, no le gusta que mientras suena como pretexto, yo le obligue a reinventarse y a mirarse de la garganta hacia dentro; pero se deja llevar por la síncopa de Los músicos de jazz, aunque tampoco le gusta Pimienta, aunque mi mundo lo aterra. Yo creo que ahora él también está viendo nacer a Armstrong y ha decidido dejarle ser. Entre nosotros, ha decidido dejarle sonar.

«Los músicos de jazz no pertenecen a la misma especie
que el resto de los hombres. Son solo sombras,
siluetas de colores sin nombres ni familia.»
H a dos tonos

 

Causalidada No.2

Se quebró. Se agotó de rodar por los suelos, de ser estrujado entre papeles y estuches. Se cansó de transportar ideología, ocio, sueños, experimentos torpes con luz, mi HDD.

Ella parece intuirlo, ¿acaso imagina que ando con los ánimos bajos? ¿Es posible que haya presentido el abandono de mi HDD, la orfandad de información, la desolación de ceros y unos? Sería jugar demasiado con la metafísica, tensar de más las cuerdas de la teoría. Pero deja qué pensar…

Si va cayendo la noche, a ella le da por fotografiar mi atardecer y mis colores, los que veo desde la azotea donde pienso cómo hacer fotos-respuesta, fotos-regalo. Si nos llueve, como anoche, o antes de anoche, o el día aquel en que lo vio, pero andaba sin cámaras; entonces entonces nos leemos a Pimienta y hacemos instantáneas de arcoíris, de pájaros, para que se nos vaya lo gris, para sorprendernos con la causalidad.

«(…) Y grandes fotos. Inmensas fotos
de otros músicos de jazz, llorosos.
Fotos desenfocadas y húmedas,
cargadas de electricidad estática.»

Las palabras de otros

Ella y yo pasamos horas hablando de casi cualquier cosa. Lo mismo de la lluvia que no cayó ayer sobre el patio, de las muchas especies de libélulas, de las extrañas frases sacadas de animados que aparecen de pronto en una conversación seria. Si ella me dice “rata inmunda” yo le respondo con un cariñoso “perra miserable”. Somos así de afectivas, es puro cariño, lo juro.

Ella es transparente. El afecto viene por ahí, porque es solo ella, sin más artificios para ser otra cosa que no sea ella misma. Se impone, porque es capaz de fotografiar con su alma las cosas que empapan la mía. De ella he aprendido más de lo que imagina. Sobre todo a mirar el mundo de una manera “asquerosamente sensible”, tremendamente poética. Sigue leyendo

Fuera de Cuba

Capitolio

Fuera de Cuba viven hoy varios trozos de mí. Casi todos partieron soñando un pronto regreso… los años han pasado uno a uno. Yo no puedo siquiera imaginarme cómo será mi vida si algún día tengo que alejarme definitivamente del bullicio de mi calle o decir adiós a mis dos sobrinos. No sé cuán fácil o difícil será caminar por otras avenidas, subirse a un metro, comer McDonald´s, comunicarse por Skype, volverse adicto al teléfono, a los selfies… solo tengo certeza de que allá, donde quiera que se esté, anda uno todo el día buscando, intentando hacerse un huequito por donde mirar la cúpula del Capitolio, por donde respirar este mar de aguas impredecibles.

 

(Regalo pa los amigos de todas partes…)

Julio Larramendi: un bicho raro (+Fotos)

Por: Rosana Berjaga

A pesar de ser una persona llena de proyectos, el fotógrafo cubano Julio Larramendi, siempre encuentra tiempo para escuchar música, leer un libro o recibir en su casa a quien busque conocer un poco sobre su quehacer fotográfico.

Ese es el momento en el que Larramendi, con una vocación pedagógica quizá desconocida para él, y entre una y otra cita de trabajo, hace maromas para responder preguntas, brindar helado, mostrar libros y dar lecciones de historia de la fotografía cubana.

Esta habilidad “multitarea”, parece tener base en aquellos tiempos de la infancia, cuando Julio debía ingeniárselas para complacer las estrictas demandas educativas de su abuela y ganar, además, un poco de tiempo para hacer las cosas que le apasionaban.

Yo soy santiaguero y me crié con mi abuela. Ella, que fue primero maestra rural y después directora de un centro escolar, tenía bien claro que la educación de un niño requería disciplina. Por lo que en mi casa había televisión, pero su disfrute tenía horario, porque la escuela era prioridad, aunque confieso que la gran competencia era la pelota. Sigue leyendo

Una canción para Rosana

camino1

Si él no tuviera voz de trueno.

Si escuchara a Sabina, a Silvio, a los Fitipaldis…

Si cuando pone los rizos sobre la almohada no quedara dormido de manera instantánea.

Si cuando dice mi nombre completo no pareciera un regaño.

Si no cambiara la S por una X en Rosana, cosa que hace solo para molestarme.

Si su teléfono parase de sonar y si su timbre no fuese la canción más estruendosa de Tendencia.

Si no fuese Virgo, como yo.

Si no quisiera competir conmigo todo el tiempo.

Si no me hablara de fútbol y me pasara el brazo por encima como si fuera un socio del barrio…

Entonces, quizá me regalaría una canción que llevara mi nombre o escribiría poemas, inspirado en la sombra que hace mi cuerpo sobre la pared, cuando solo queda en el cuarto la luz del televisor.

Pero no.

Es por eso que su voz de trueno me despierta con poemas de otros, porque dice que no hay mejor desayuno que huevos fritos, chocolate y poesía.

Sabina no le llega a los talones a la Sicodélica Estelar cuando él prende las bocinas y hace el baile del “sentimiento y palitroque”.

Se queda dormido porque hacer buenas acciones todo el día lo agota mucho (es lo que me dice).

Me llama por mi nombre completo porque fue el que me pusieron y es muy bonito como para olvidarlo. Claro, sería más bonito si se escribiera con X, me dice.

Y Tendencia es lo nacional, no puedo culparlo por eso.

Por ser Virgo y siempre competir conmigo, sabe que me gana si me regala mariposas y que la feminidad, la participación, la acción comunitaria y la educación, son de los temas que más me interesan.

Me habla de fútbol porque sabe que en el fondo me muero de ganas de restregarle que mi equipo es mejor que el suyo, aunque la discusión nos cueste la palabra, como sucede con los mejores socios del barrio.

De ahí que sea yo quien escriba poemas de las figuras que hace su sombra en la pared, de su voz de trueno, de sus flores, de lo que no me regala.

Caminando por la vida (+canción)

Para WatsonInLove: gracias por todo, que nunca te las doy

Un amor que tenemos en común

Un amor que tenemos en común

Cuando nos encontramos y tenemos que separarnos luego, yo me voy tarareando inconscientemente una canción de Melendi. Así voy por el camino, dándole y dándole a la misma canción: ♫ Caminando por la vida/ sin pausa pero sin prisa/ procurando no hacer ruido/ vestio con una sonrisa ♪, porque este muchacho queridísimo, me da ganas de vivir como nadie. Sigue leyendo