Misterio premeditado

Como cuando te han dicho tanto que el Ratón de los dientes de leche vendrá a tu encuentro, que casi no puedes esperar a la mañana siguiente para cerciorarte de que se ha llevado un pedazo de ti. Así fue la sensación del reencuentro electrónico…

Como cuando Ulises creyó que finalmente llegaría a las costas de Ítaca y, frente a la playa añorada, un huracán de los dioses le arrebató la posibilidad de abrazar a Penélope. Eso fue verte frente a mí durante los tres minutos más cortos de la historia.

Como Alicia tras el Conejo Blanco, adentrándose en un mundo de sombrereros locos, gatos de acertijo, reinas desquiciadas, juegos de poder… sin saber si pintar rojo o blanco; si cuidar la cabeza o no. Así es ahora, y tal vez así será mañana, y luego de eso.

Estos, los personajes que me habitan

Alicia: ¿Cuánto tiempo es para siempre?
Conejo: A veces, solo un segundo

***

Alicia: Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
Cheshire: Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar.
Alicia: No me importa mucho el sitio…
Cheshire: Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes.
Alicia: … siempre que llegue a alguna parte…
Cheshire: ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte si caminas lo suficiente!

***

Alicia: Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca
Sombrerero: Oh, eso no lo puedes evitar. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
Alicia: ¿Cómo sabes que yo estoy loca?
Sombrerero: Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí.

Respuesta en tres pasos a un personaje ido…