Tú eres como mi isla

Él tiene los ojos a medio sonreír y el entusiasmo de Cristóbal Colón y Marco Polo juntos. Tiene también el ansia conquistadora de Alejandro Magno, y la ambición de llegar a regiones prístinas y valles inexplorados de mi ser. Ha dicho que viene a redescubrirme… a repoblarme de sentimientos extraviados.

Para él poco importa que yo no me traiga el corazón a este evento. Al menos no ahora. Él me mira de frente y a rajatabla me impele: “Eres como mi isla: compleja, inexplicable, a veces desconcertante. Entre más me acerco, menos te entiendo. Pero no me voy, Rosana. No me voy”.

Y sin importar mi susto, planta bandera. Y alista los pendientes. Y se queda sin explicarme si será para siempre, si seré colonia o república…

Si te hago canción

Con toda las nostalgias reunidas, regalo un sábado para canciones. ¡Buen fin de semana!

Si te hago canción

Canción tema de la película ‘Fábula’

Si te hago canción
no te pido por eso que mueras por mí,
es tan solo un destello de tiempo,
una chispa,
un disparo perdido en el recorrido de mi hacia ti.

Si te hago canción
y al cantarla la gente se siente presente,
comprende mi amor,
que cada universo tendrá su versión
y no solo es exclusivo de nosotros dos.

Si te hago canción
me pregunto a que punto darás tu atención,
si realmente estarás conmovida
o me miraras con la cara aburrida
si cuando te cante no encuentres razón.

Si te hago canción
y de pronto me vuelvo la estrella del show
y me sobren las “grupis”, las “fans”
y los papparazzis hagan su labor,
y mas nunca te vuelvo a encontrar
y mas nunca recuerde tu olor,
si te hago canción.

Adrian Berazaín
Septiembre 2005

¡Auxilio!

¿Y si de pronto todo acaba mañana? ¿Y si todo lo conocido: el desayuno, los poemas, el amor de los domingos, el susto en la boca del estómago, incluso la incertidumbre, desaparecieran de pronto? ¿Y si todo amaneciera desierto como en el Sahara, devastado como en Hiroshima, triste como la mañana sin ti? ¿Y si todo acabara de pronto y a mí me tocara salvarme?…

Una canción para Rosana

camino1

Si él no tuviera voz de trueno.

Si escuchara a Sabina, a Silvio, a los Fitipaldis…

Si cuando pone los rizos sobre la almohada no quedara dormido de manera instantánea.

Si cuando dice mi nombre completo no pareciera un regaño.

Si no cambiara la S por una X en Rosana, cosa que hace solo para molestarme.

Si su teléfono parase de sonar y si su timbre no fuese la canción más estruendosa de Tendencia.

Si no fuese Virgo, como yo.

Si no quisiera competir conmigo todo el tiempo.

Si no me hablara de fútbol y me pasara el brazo por encima como si fuera un socio del barrio…

Entonces, quizá me regalaría una canción que llevara mi nombre o escribiría poemas, inspirado en la sombra que hace mi cuerpo sobre la pared, cuando solo queda en el cuarto la luz del televisor.

Pero no.

Es por eso que su voz de trueno me despierta con poemas de otros, porque dice que no hay mejor desayuno que huevos fritos, chocolate y poesía.

Sabina no le llega a los talones a la Sicodélica Estelar cuando él prende las bocinas y hace el baile del “sentimiento y palitroque”.

Se queda dormido porque hacer buenas acciones todo el día lo agota mucho (es lo que me dice).

Me llama por mi nombre completo porque fue el que me pusieron y es muy bonito como para olvidarlo. Claro, sería más bonito si se escribiera con X, me dice.

Y Tendencia es lo nacional, no puedo culparlo por eso.

Por ser Virgo y siempre competir conmigo, sabe que me gana si me regala mariposas y que la feminidad, la participación, la acción comunitaria y la educación, son de los temas que más me interesan.

Me habla de fútbol porque sabe que en el fondo me muero de ganas de restregarle que mi equipo es mejor que el suyo, aunque la discusión nos cueste la palabra, como sucede con los mejores socios del barrio.

De ahí que sea yo quien escriba poemas de las figuras que hace su sombra en la pared, de su voz de trueno, de sus flores, de lo que no me regala.

4×3 (metros cuadrados)

Para Wichy

Esa habitación huele a soledad

y a húmedo

y a casa corrompida por el moho.

una, así de pronto, no repara en ello

mientras el fango de la avenida

no se te pega lujurioso a las piernas

y el viento lucha

por levantarte la saya de un tirón inesperado.

Quizá solo entonces, se percata una

De que nunca había repasado detenidamente

Ese cuatro por tres de paredes hipóxicas

Que llama deliberadamente “cuarto”.

Esos muros manchados de tinta roja

Y palabras ajenas.

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