El chico de los claveles

Preludio.

El chico de los claveles está a contraluz, dibujando su silueta a puro trazo de sol, en los últimos suspiros de un sol habanero que no volveremos a ver juntos en mucho tiempo. A esta cita llegamos sin flores, con ultimátum, con la mochila llena de preguntas y pocas expectativas… Encontramos, sin embargo, un sitio donde saldar deudas del alma, donde ofrecer los abrazos prometidos una y otra vez.

I.

– “Este es el sitio donde viene uno a pedir matrimonio”, dice.

¡Qué paradoja! Este es el sitio donde yo le pediría a alguien que se marcha, que me ame por un día.

II.

Todos los atardeceres tienes una pizca de melancolía y sabor a despedida. Incluso los atardeceres tardíos en los que el primer beso y el último empiezan a mezclarse.

III.

Pudimos elegir no irnos.  Pudimos quedarnos en el despliegue emocional de fuegos artificiales. Pudimos y debimos detener el tiempo, muchacho de los claveles; pero habíamos pactado “sin ayer y sin mañana”… y nos despedimos al caer la noche.

Epílogo.

A veces se existe solo por un rato. Y eso está bien.

 

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4 comentarios en “El chico de los claveles

  1. Como esos seres que nos tocan una vez, en una sola noche y se nos meten en el pecho y nos aturden todo y revuelven todo lo que sentimos… esas mariposas que sentimos cuando llegan y cuando se van… !esas mariposas!

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