Cualquier cosa, menos marcharse

Trescientos sesenta y cinco días exactos se han ido. Contados concienzudamente por el calendario de bolsillo en mi billetera desde que supimos la noticia de su ausencia.

Debió haber sido cualquier otra triste víctima del cáncer; cualquier nombre prescindible para la historia de los hombres. Habríamos de suponer una muerte esperada, a fin de cuentas se trababa de un sarcoma de los más agresivos y que, aún así, debió poner todo su empeño para desfallecer a un Hugo Chávez renuente a ser arrebatado de la vida.

Debió ser esperado, entonces, aquel momento en el que se apagaban los aparatos y pitidos, cuando al final –tras larga agonía- se anunciaba al mundo, a los pueblos expectantes, que Chávez no estaba más; que perdían al presidente desencartonado de los discursos cantados, de las anécdotas más estrafalarias de la gubernatura. Sin embargo, la tarde de la noticia, la cara incrédula de la gente hubiese dado más jugo a los titulares que la propia muerte. Todavía meses después, esos incrédulos aguardaban por que los mismos noticiarios del mal augurio, salieran a alegrar a todos con una nota aclaratoria.

Pero los noticiarios no salieron con mensajes aclaratorios de última hora, provocando desconcierto, haciendo que las abuelas pusieran rodillas en tierra para rezar como se hace con los nietos; y los padres y las madres lo lloraran como se hace con los hijos; y los niños lo empezaron a venerar como a los superhéroes. La nota no llegó, y las personas todas buscaron alternativas. La Patria, Patria Querida, continuó sin receso, edificando los sueños dejados en el tintero.

Tal vez va siendo cierto eso de que uno está allí donde más se le extraña. Quizá va trascendiendo el mito eso que dicen por ahí de que los muertos, los queridos, ni tan muertos ni olvidados.

***

A un año de uno de los sucesos más estremecedores para Cuba.

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5 comentarios en “Cualquier cosa, menos marcharse

  1. Que haya muchos Chávez. Tenemos que crearlos de un modo u otro; hoy más que nunca los necesitamos. ¡Que viva Chávez y toda latinoamérica!

  2. “Debió ser cualquier otra triste víctima del cáncer….”;cuan desafortunado comentario.Estoy seguro que,de ser posible, tu no hubieses muerto por Chavez.

    • Afortunadamente, Jose, las palabras tienen tantas lecturas como personas hay. No estoy hablando de sacrificar a otra persona en lugar de Chávez ni de presumir de inmolaciones o nada parecido; sino de que esta pudo haber sido simplemente una muerte triste como cualquier otra muerte por cáncer, pero no lo fue. Imagino que en eso estaremos de acuerdo ¿o tampoco?

    • Además, ¡Bendita divinidad que permite que NO todos mis “comentarios” sean “afortunados”!, de otra manera, ¿qué pasaría con mi modestia?

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