Llevar el cine en la piel (Entrevista con Léster Hamlet)

Por: Rosana Berjaga y Carlos Ríos

El viejo cineasta aparece en el festival. Los vítores y aplausos impulsan sus pasos de ascenso para recibir el premio a la obra de la vida. Habría que estar en su piel para saber cómo se siente bajo el traje, el cansancio provocado por los años. ¡Quema sobre esa piel la tinta de su historia!

Así podría avizorarse quizá, un futuro para Léster Hamlet, mientras se espera por él frente a su oficina del ICAIC. Curtido realizador de video-clips y director de cine in crescendo, Léster está dispuesto a sellar una obra llamativa e identitaria, en la que –abandonando el lugar común de “dejar la piel”- ha decidido tatuarla.

Comprobado está que un “Vamos” puede traerte con facilidad del letargo:

-Supongo que tengo que hablar mucho –dijo él.

-Un poquito.

Se había pactado el encuentro una semana antes:

-Me debes una entrevista –le inquirí entonces.

-¡¿Sí?!, sobre qué, no recuerdo…

RODANDO
Secuencia 1/ Escena única
La biografía de mi vida está escrita sobre mi piel

No preguntó cómo supe de sus tatuajes ni por qué quería hacer una entrevista al respecto. Ahora, en la puerta de su oficina, solo sugiere que estaremos más tranquilos en el pantry.

Los tatuajes al menos para mí –más allá de las marcas mismas que la vida puede colocar en tu cuerpo- son las que te puedes colocar tú. Tienes un accidente y te haces una marca en tu cuerpo que al final no decidiste tú. Sin embargo, el tatuaje es la impresión en el cuerpo que uno mismo ha decidido ponerse. Es algo que siento absolutamente mío, tiene significaciones emocionales, psicológicas incluso. Mis tatuajes tienen que ver directamente con mis sentimientos, con mis sentidos, con lo que yo quiero honrar de lo que he logrado en la vida.

Mi primer tatuaje fue este tramo de bandera cubana que como ves no está en azul, sino en Lila. Las personas me dicen: «se te está cayendo el color», pero no, es así. Me lo hice por Tres veces dos, por mi cuento “Lila”. Me lo hice luego de que se estrenó y juega un poco con el verso del poema de Bonifacio Byrne: «Si desecha en menudos pedazos». Por eso es una bandera así como muy quebrada, muy fragmentada.

Repetí este mismo tatuaje en mi película Casa Vieja.  En uno de los muros por los que pasan los dos hermanos Laura y Esteban, se ve una bandera que es semejante a la de mi tatuaje, nosotros la pintamos para la película tomando el modelo de mi brazo.

En un principio tenía la significación del poema de Bonifacio Byrne, luego quise dedicarle mi brazo derecho entero a toda esa aberración patriótica mía. Acá están las ramas del escudo; intenté una bandera más surrealista, menos convencional con una estrella más abierta aquí en la articulación… y un tocororo, al que todavía no le he dado color.

Miro el brazo de Léster y me pregunto cómo puede caber tanta tinta en un solo brazo: hay mucho dolor en la belleza. Mi cara debe ser un poema, porque él descubre lo que pienso.

Ese tocororo me lo hice en unas condiciones muy tristes. Tenía una amiga que estaba muy enferma. Ella sufría mucho, tenía muchos dolores, yo la cuidaba y me daba mucha pena que no podía calmarla. Entonces el tocororo fue algo que me hice para estar parejo con ella.

Hace una pausa y supongo que debo adivinar de quién me habla…

Ese tatuaje está dedicado a Adria Santana… También por esos días Solís, el fotógrafo de Casa Vieja, tuvo un accidente. Es un homenaje a los dolores que ellos estaban pasando. Al tocororo me falta darle color. También quiero tatuarme las firmas de ellos, las tengo guardadas.

También hay una jaula tatuada en uno de sus brazos. Es un dibujo curioso: la llave está en el otro extremo. ¿Es la libertad una cárcel? Léster señala la marca con un dedo, casi sin tocarla.

Aquí tengo Casa Vieja, tuve la suerte que me la hiciera Sánder. Nosotros creamos esta imagen para la película que es la que está en carteles y es uno de los elementos más personales que tengo. Fíjate que es una adaptación y es un símbolo que creé a partir de la elaboración del cuarto de jaulas, para la película. Eso es en general los tatuajes que tengo, quisiera tener más. También quisiera tatuarme Fábula.

-¿Piensas tatuarte todos tus proyectos audiovisuales?

No creo que todos, porque no me he tatuado todos los clips, ni todos los documentales; pero sí aquellos en los que me dejo la vida. Casa vieja y Fábula son proyectos en los que dejé mi piel y mi alma. Creo que al tatuármelos soy como mi cartel, soy mi póster, me voy anunciar. (Sonríe)

-Hay mucho de mística en tus tatuajes, ¿son algo así como un amuleto?

Creo que hay algo ahí muy personal, de honrar yo mismo el proyecto una vez terminado. Nunca me hecho el tatuaje de una película que esté haciendo o en proyecto, lo hago solo cuando las termino. Forman parte de mi historia, va encima de mí.

Cuando mi mamá murió sentí el terrible dolor de que provoca la pérdida de un ser querido, fue algo muy repentino. Mi primera reacción fue coger una cartica firmada que me ella había hecho, la escaneé y se la llevé a mi tatuador. «Pon ahí la firma de mi madre», le dije, porque ella firmaba de una manera muy peculiar. Lo tengo en la mano derecha, es como una alerta para el día que vaya a escribir algo, sea lo más honesto y sensato.

Es mía Cuba, es mía mi película, es mío el recuerdo de mi mamá. Son cosas de las que hay que coger la intención. Ahora tengo otro tatuaje que diseñé, que me quiero hacer, tiene que ver un poco más con la religiosidad, me personaliza.

«¡Léster, te están esperando!» Tal vez el pantry no era, realmente, el lugar más tranquilo de todos, pero la irrupción me da la oportunidad de ver un dibujo que se nos había pasado por alto: ¿Qué significa ese símbolo egipcio detrás de tu cuello?

Es el ojo de Ra, el dios egipcio. Me vigila la espalda y vela detrás de mí.

FADE A BLANCO
Secuencia dos/ Escena 1
Adria Santana: mi niñita querida

De Adria aprendí muchas cosas: la constancia, la lucha infatigable por ganar un día más, por fajarse por la vida y seguir adelante… siempre adelante.

Una mujer de una fuerza increíble. La extraño mucho, mucho, pero quiero pensar en lo lindo que vivimos y en lo intensa que fue nuestra amistad. Aprendí de ella todo lo que pude. Aprendí.

La conocí en los años ´80, cuando terminé el preuniversitario y quería comenzar a estudiar en la Escuela de Arte. El día que fui a hacer las pruebas, ella acompañaba a su sobrina. ¡Imaginate!, ella ya era Adria Santana y llegar a la escuela de arte y verla, era como que muy fuerte. Hice mi prueba y aprobé. Para mí fue como un ave de buen agüero encontrármela ahí.

Luego de graduado empecé a trabajar con la Compañía El Público y es en ese momento en que conozco más de cerca a Adria. En aquel entonces Carlos Díaz montaba La niñita querida, de Virgilio Piñeira, en la que Adria era la protagonista.

Fue la época en la que comenzaba su batalla contra el cáncer –contra el que luchó casi 20 años. Adria estaba en ese momento en un proceso de recuperación, por lo que La Niñita… se montó conmigo, que era el asistente de dirección de Carlos.

Para ir adelantando el montaje, hice el personaje de Adria en los ensayos, así, el resto de los actores podían ensayar su parte: yo era el comodín. Cuando Adria se incorporó a la obra, ya estaba montada y lo que hice fue enseñarle la coreografía que ya Carlos había creado para su personaje.

Aquella etapa nos acercó bastante y a partir de ahí nos volvimos amigos. Fundamos una amistad que rayaba casi en lo familiar. Recuerdo muy pocos fines de año en los que no lo pasara con Adria. Nos llamábamos casi todos los días por teléfono; nos preocupábamos por ver lo que hacía el otro, salíamos juntos al teatro; organizábamos comidas. Adria vino a ser como una madre sustituta a quien le confiaba mis secretos.

En Casa Vieja volvimos a estar muy cerca. Antes de comenzar el rodaje, le dije a ella que quería hacer esta obra de Estorino y siempre la mantuve al tanto del desarrollo del proyecto. Era como si se lo contara a mi madre.

Creo que por eso le propuse que hiciera la madre en Casa Vieja. Primero porque era como una madre para mí y segundo, porque si yo iba a ser algo de Estorino –para quien Adria fue su actriz fetiche durante muchos años- me parecía justo que fuese ella quien interpretara el personaje.

Cuando pienso en los placeres que me he dado en la vida… uno de ellos haber podido tener a Adria Santana en el elenco de mi primera película. Eso fue tremendo para todos: para ella, para mí, para el resto del equipo.

Casa Vieja es definitivamente la película de Adria Santana. Aunque ella tuvo participaciones en películas como Polvo Rojo, Patakin…, fue en Casa Vieja donde tuvo el mejor personaje en el cine. Era una actriz muy del teatro, entregada por completo al teatro y darle ese personaje fue muy grande para mí y creo que para ella también.

Es realmente asombroso ver que después de Casa Vieja participó en dos películas más: Fábula y una que próximamente estrenará Rudy Mora.

CORTE
Secuencia dos/ Escena 2
Más que una opción, la única alternativa

El debate dentro del mundo cinematográfico cubano que contrapone violentamente la Institucionalización a la Producción Independiente, ha invadido también el espacio cubano. ¿Tiene que ver la idea de crear un Staff con alguna posición ante este tema?

Nunca he pertenecido a ningún instituto o empresa. En los inicios de mi carrera colaboré con la televisión, pero me aburrí muy pronto y comencé a trabajar de manera independiente con casas disqueras, con el ICAIC, haciendo spots, documentales. Me llamaban para hacer cosas y así tuve la experiencia de Tres veces dos. Una experiencia buenísima porque nos permitió «pinchar» desde lo independiente. Un proyecto que amparaba el instituto, pero que controlábamos nosotros.

Armar un staff es reconocer a las personas que se entregan conmigo en una película. No tengo nombre que ponerle al equipo, pero creo que es la única alternativa para hacer cine desde la independencia –aunque todavía, en Cuba, faltan muchas cosas imprescindibles para viabilizar la cinematografía independiente.

Un proyecto audiovisual necesita muchas personas. Desde diseñadores, editores, sonidistas, músicos…, requiere mucho de personas que se integren. Hay gente que le ponen diversos nombres, yo le puse Léster Hamlet´s staff. El colectivo varía, hay personas que no están fijas y hay otras de las cuales no me gustaría alejarme. Aquí hay personas que son mi familia, esas con las que convivo, sueño y hago mi trabajo diario.

-¿Y qué pasa cuando ese trabajo llega a las computadoras caseras antes de haberse estrenado en los cines?

Ahora que lo preguntas… hace poco estaba con unas amistades y vino una señora a venderme mi propia película, pirateada.

«-Señora, ¡es el colmo del descaro que venga a venderme esa película!

-¿Por qué?, me preguntó.

-Porque yo soy el director.»

El cine es un hecho que termina en la sala cinematográfica, el haz de luz detrás de ti, convivir con otras personas que tienen reacciones emocionales: eso es el cine, no verlo en la pantalla de un ordenador y cuando quieras. Las personas están perdiendo esa magia y el cine está perdiendo la magia de las salas llenas de espectadores.

La piratería atenta contra las ventas. La distribución tiene principios y normas universales. Las personas no ven que los violan y piratean sin el menor de los recatos. Con Fábula demoró, pero luego la entregué para un festival y tiene que haber salido de allí.

Hay una parte de mí, que está de acuerdo con que las personas se pasen la película de una «memoria flash» a otra y la vean y la disfruten; pero también lamento que no vayan al cine, porque siempre me queda la incertidumbre de cómo están mirando la película, en qué tipo de archivo la están reproduciendo, con qué calidad de imagen. La obra final lleva mucho tiempo para ajustar el encuadre, los colores, el sonido, por eso me mortifica que el espectador no esté viendo la película en las condiciones óptimas y eso influye en que la cinta guste o no. Es triste que no quieran acudir al cine a ver la obra. Por otra parte, qué bueno que la están viendo. Es muy contradictorio.

CIERRA EN FADE OUT
Off de record
Léster se levanta, dejándo el “set” detrás. Pero tengo una última pregunta.
-En la presidencia del Festival de Cine Pobre de Gibara también estás dejándote el alma. ¿Vas a tatuártelo?
Lester se voltea y sonríe:
-Creo que Gibara terminará tatuándose solo…
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