Juan Gelman sin miedo a la muerte

Lo bueno es que Gelman no le temía a la muerte. Él sabía que a fin de cuentas, “en el miedo a la muerte, la muerte no vale la pena”. La vida era otra cosa, eso sí tenía sentido, y la poesía, sobre todo la poesía. Ucraniano por sangre, argentino de nacimiento y mexicano por letra y corazón, Gelman había conocido el arte de los versos a través de un hermano, siendo todavía pequeño.

Le tocó la dictadura, como a muchos argentinos de la época, pero este tipo tenía una mirada distinta de la vida, una forma arrolladora de enfrentar la represión. Si ya había dejado la Química para dedicarse a otras ciencias más románticas -no así menos militantes-, no iba a ser que su poesía se quedara en academias y estilos amarrados. A Gelman, lo que realmente le gustaba era jugar con las palabras. ¿Convenciones? Las suyas. ¿Reglas? Las que pudieran romperse. Si es poesía, puede hablarse sobre cualquier cosa, el tema no importa, no importan las pautas.

Este juego en el que andamos nos cuesta la muerte y él lo supo. Lo avizoró y alertó que no valía la pena tanto susto sin hacer nada. Sabía que palabras como tortura, asesinato, secuestro debían quedarse vacías. Hizo ley eso de que la injusticia se mata con bondad. Militó a conciencia bajo el precepto de que no era cuestión de irse o quedarse, sino de resistir; aún a sabiendas de las penas y los olvidos.
Sabía mucho, incluso de esas veces en las que la música de los versos de amor se vuelve tan distinta a la del desamparo; de esas primaveras  transfiguradas en malparidas y de esas mujeres imposibles, de todos y de nadie, como la poesía misma.

Sobre la poesía

habría un par de cosas que decir/
que nadie lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y
con el asunto de comer cada día/se trata
de un asunto importante/recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/
pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/
los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/
murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no
pajaritos como el tío juan/especialmente
porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje
hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que
les hacía pío-pío en la cabeza/el
tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero
volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/para un poeta es cada día más difícil
conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/
y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron
las muchachas/los almaceneros/los guerreros/los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/
lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/yo ahora
para que me quierás/
Juan Gelman
Anuncios

8 comentarios en “Juan Gelman sin miedo a la muerte

  1. Dicen que un requisito para ser poeta es no temerle a la muerte. De todas formas, solo se está muerto en realidad cuando te vas y no dejas huella y este no es el caso de Gelman. RIP

  2. Copio, otra vez, lo primero que escribí en el primer blog que visité y trataba el tema de la partida de Gelman:
    Alguien dijo: “No hay color para el luto”. Ahora podríamos decir que tampoco hay palabras, uno tiene la sensación de que ya todas las dijo él.

    Alguna vez te dije que no era de los poetas que más me habían llegado, aunque algunos de ellos –lo cual es inevitable, sin duda la incapacidad era mía– me parecieron magníficos. Tengo algún volumen de su poesías (de los publicados por Página/12) y otro volumen con sus artículos sobre la guerra de Irak. Rescato, más allá del poeta, al hombre que luchó y sufrió como pocos los embates de la dictadura argentina. Es en ese sentido que siento profundamente su partida. Se fue uno de los nuestros, uno de la familia.
    Cariños.

    • A mí su muerte, tanto como la de Benedetti, me ha llegado mucho. Son dos de mis poetas predilectos, parece que tengo cierta tendencia a esa poesía que es casi prosa, pero que comunica un mundo. Luis Rogelio Nogueras (Cuba) es el otro.
      A uno la familia siempre le duele, no? 😀

  3. Un gran hombre nos deja descanse en paz
    quedará su buen trabajo para siempre
    Saludos

Coméntame aquí

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s