Back to work

Por: Mauricio Escuela. Blog Letra Irreverente

Conectarse al trabajoEra una tarde de esas en que las moscas han volado hacia ninguna parte y los sesos de los locos bullen en los manicomios. Estaba sentado en mi habitación a punto de perder el equilibrio, pensando en Kant como de costumbre, cuando siento que alguien me llama “oye, ¿no piensas salir hoy tampoco?”, otra vez el chico demente de la esquina me invitaba a una noche de farra entre rones y putas. Supongo que un muchacho de 25 años adicto a Jim Morrison y deseoso de visitar la tumba de Wilde, no tiene otra cosa más nihilista que hacer. Ir al parque se transforma en esa panacea de submundos donde prima el desorden más poético. A veces durante el día suelo quedarme horas allí, leyendo alguna tesitura ilegible de Pound, mientras los dementes y los gorriones van y vienen como planetas a punto de colisionar. Por la noche la lucha es distinta, priman otras bestias y la jungla resulta enteramente un pasaje al otro mundo. De día es el viejo Kant o quizás una visita al aburrido y horripilante Kafka, pero al caer el sol todo se torna impredecible. Pertenezco a la estirpe de Bukowski, aunque me esfuerce en parecerme a Borges, aunque camine renqueando y lleve un cetro a lo Balzac. No puedo evitar un gusto genético por esas criaturas desechables y bellas que me incitan a entrar en el submundo del parque de provincias. Tampoco olvido que todo en el fondo es irreal, que la ficción puede tornarse rompible, que cada historia tiene un desenlace. Pero quienes preferimos a Poe jamás podemos abandonar los pasillos de la Mansión Usher, o escapar a la Máscara de la Muerte Roja. Todas esas metáforas de muerte encarnan en verdad una vida turgente, dura, bestial. La esfera de acción contiene personajes decadentes e impredecibles, las máscaras ocultan otras. No quedan moscas reales, sino artificios de papel que sobrevuelan mis submundos. Todos vivimos inmersos, pero la ficción hace adictos a unos pocos. Yo entre ellos. ¿Qué puedo hacer? Por eso me levanto en mi oscura habitación, enciendo un bombillo parpadeante y camino entre esa sucesión de maravillas que conforman lo inverosímil. Back to work, repite la voz, como la cantinela del Cuervo.

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