Adicción de domingo en la mañana

Me encantaba hacerlo el domingo en la mañana.

Despertar temprano y comenzar el día

con la respiración pegada al cuello

y el sudor corriendo entre los pliegues de la piel

cuando se dobla y se somete

al azote de unas manos

cuando la primera luz de la mañana comenzaba a colarse

entre los barrotes de la ventana del cuarto,

y el olor de las picualas empezaba a parecer menos interesante

que los efluvios marinados de nuestros sures.

Dicen que la semana comienza los domingos

por eso el ritual era tan interesante:

el periplo sin rutas de una lengua extraviada

la cascada profusa de los juegos preliminares

la respiración cortada los ojos en blanco.

Con eso podía literalmente comenzar la semana con ganas.

Por eso es tan cruel que eligieras un domingo para marcharte

y no te culpo por eso

te culpo por el vacío que dejas

por el comportamiento adictivo

que heredé –como buena aprendiz- de la práctica repetida.

Lo realmente molesto no es que te vayas

es este sentimiento matutino que se queda

esa necesidad dominguera de que alguien me joda la semana.

(Nunca antes mejor dicho.)

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4 comentarios en “Adicción de domingo en la mañana

  1. Me conmueve. También yo ando extrañando cada amanecer los buenos días largamente besados.

  2. “te culpo por el vacío que dejas/ por el comportamiento adictivo/
    que heredé –como buena aprendiz- de la práctica repetida.”
    Nunca mejor dicho, amiga.

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