Entre Bora Bora y Guernesey

Hay quien sueña con nubes, otros lo hacen con islas…

No es el cartero quien llama

Toca a veces el amor

a tu puerta

con ademanes ansiosos.

Llega quizá con sonrisa de niño

proponiéndote vivir un rock

a lo Beatles

y leerte al oído un cuento de Poe.

Grita desde la puerta

que ya te está amando

(aunque no le abras)

que viene a llevarte a una isla recóndita

donde habita solo un niño

de cabellos desordenados.

La llama Bora Bora

¿o será Guernesey?

El caso es que sigue llamando a tu puerta,

abriéndose de una vez el pecho.

Promete viajar kilómetros

para asirse a ti.

Y tú miras el performance con desconfianza

(nunca te fiaste de niños con cabellos desordenados

¿O será que tú

tan ensimismado en tu soledad

de cuerpos inmerecidos,

tan presa de lujurias

de juegos de gato y ratón,

apenas si lo escuchas?)

a ese amor que grita

desde tu puerta

y -como el cartero-

tal vez no lo haga dos veces.

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