Los sueños de Sofía

Sofía siempre soñó con jardines. Majestuosos y exuberantes jardines donde haría crecer orquídeas variopintas en las ramas ya secas de una antigua secuoya.

Ya diseñaba en su mente el lugar donde ubicaría  los helechos encaje y las ginuras. Ponía aquí, quitaba de allá. Todo en perfecta armonía. Tenía pensado, incluso, comprar semillas de maracuyá y animar las tardes de lectura con cantos de tomeguín, que andarían siempre libres entre los flamboyanes de mayo y las picualas.

Sentada en el portal, Sofía pasaba el día imaginando aquel Edén, que solo podía crecer sobre el antaño cementerio del barrio, de manera que carne y hueso sirvieran como merecido abono al regalo de la vida.

Pasó años diseñando su jardín, detallando cada cosa para no dejar nada a la suerte el día en que finalmente se decidiera a emprender el milagro. Y se sentó en el portal a soñarlo, simplemente, hasta que se le secaron los ojos y el corazón se detuvo y la sangre abandonó las venas.

Los vecinos la enterraron allí mismo, en el cementerio del barrio, donde debieron haber crecido, más allá de los sueños, los maracuyás, las picualas, los tomeguines.

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5 comentarios en “Los sueños de Sofía

  1. Desgraciadamente en el mundo hay muchas Sofias…

  2. Nada de sentarse a esperar milagros… hay que salir a buscarlos.Silvio lo dice: el sueño se hace a mano y sin permiso.

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