¡Hereje!

– Si los españoles también van al cielo, yo no tengo nada qué hacer ahí.

Fueron sus últimas palabras. Luego la hoguera se alzó al infinito y terminó por reducir a Hatuey a cenizas. Ardió el hereje bajo un fuego insípido que logró apagar el cuerpo, pero resultó que los restos rebeldes nunca dieron paz a las ganas de la libertad.

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