Mi Mario es un bandoneón

Mario…

Lo único que no le perdono a Mario es haberse ido sin avisar. Después de que me leí casi todos sus poemas y me devoré La tregua como quien se come el último fruto del árbol del oasis.

La noticia me sorprendió en la calle, una vecina de mi barrio -a la que nunca imaginé que pudiera gustarle la poesía, digo, porque quiero imaginar que le gusta- gritaba de balcón a balcón a su otra vecina:

– Mija, ¿viste como se murió el hombre este?

– ¿Quién se murió!?

– Mija, este, el que escribía los poemas… el Benedetti ese.

– Ah, sí, lo dijeron en el noticiero. Estaba muy viejo, ya, la verdad…

La conversación siguió después con los precios del agro y el uniforme de los niños, pero yo me quedé detenida en el momento en el que tuve que procesar la muerte de mi poeta predilecto.

Abrí la puerta con los ojos empapados, porque yo soy así, porque me tomo las cosas a la tremenda y porque Mario era un tremendo tipo, de esos que no nacen todos los siglos. En ese momento no me acordé de su nombre completo, que es todo un desafío a la memoria humana, y tampoco se me había ocurrido (hasta ese instante) aprenderme el de su madre.

Un año después me descubriría con ganas de arrastrar por los pelos a un amigo escritor solo por el hecho de decirme que Mario, mi Mario, no era un buen poeta, sino un tipo ingenioso.

Lo defendí con uñas y dientes y me hice de toda la parafernalia que encontré para demostrar su genialidad. Lo hice, a pesar de que sigo molesta con él porque se fue sin avisarme; a mí, que de buena gana hubiera accedido a hacer con él cualquier trato. Yo, que también quiero ser tango.

Bandoneón

me jode confesarlo
pero la vida es también un bandoneón
hay quien sostiene que lo toca dios
pero yo estoy seguro que es Troilo
ya que dios apenas toca el arpa
y mal

fuere quien fuere lo cierto es
que nos estira en un solo ademán purísimo
y luego nos reduce de a poco a casi nada
y claro nos arranca confesiones
quejas que son clamores
vértebras de alegría
esperanzas que vuelven
como los hijos pródigos
y sobre todo como los estribillos

me jode confesarlo
porque lo cierto es que hoy en día
pocos
quieren ser tango
la natural tendencia
es a ser rumba o mambo o chachachá
o merengue o bolero o tal vez casino
en último caso valsecito o milonga
pasodoble jamás
pero cuando dios o pichuco o quien sea
toma entre sus manos la vida bandoneón
y le sugiere que llore o regocije
uno siente el tremendo decoro de ser tango
y se deja cantar y ni se acuerda
que allá espera
el estuche.

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4 comentarios en “Mi Mario es un bandoneón

  1. Sé lo que debes de haber pasado pq a mi me pasó lo mismo cuando Saramago se me fue. ¿Pq se nos van así sin despedirnos, cuando más los necesitamos, cuando ya no podemos vivir sin ellos?

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