Apología a una navidad sin nieve

Uno va por la vida construyendo dioses y altares. Nos decimos ateos, incrédulos, pesimistas o apáticos. Nos apartamos de los “feligreses” y hacemos apología de la diferencia.

Sin embargo, los ateos  consumimos Holliwood, nos actualizamos en las últimas tecnologías del mercado, nos disfrazamos en Halloween, ponemos guirnaldas a la nochevieja e invariablemente armamos un arbolito para poner pesebres y celebrar la Navidad.

Somos feligreses sociales, solo que a veces no somos conscientes de ello.

Ernestico (6 años) frente al árbol de navidad

Ernestico (6 años) frente al árbol de navidad

Ernesto, mi sobrino, cumplió 4 años sin tener en la casa un árbol de navidad, pero compartiendo siempre la última quincena de diciembre con ese árbol enorme que adorna la sala de la casa de mi abuela. A todos nos parecía bien compartir el mismo árbol, pero Ernestico quería uno en su casa.

Por aquel entonces andaba yo leyendo los textos de García Márquez y sus críticas al consumo. Andaba sumergida en esa pseudointelectualidad del típico estudiante de periodismo que piensa haber alcanzado la cima cuando solo anda iniciando el camino. Así que le expliqué a Ernestico de tan solo cuatro años, que la navidad era una cosa fea, que era algo importado; que solo celebra el nacimiento de un dios y una religión  que la familia no profesa y que para colmo de males: en Cuba no caía nieve. Todo eso para resumir que la navidad era solo una farsa.

Terminado mi discurso, Ernesto se quedó mirándome, como quien mira a una persona de 100 años y de palabras incoherentes. El árbolito estaba instalado en su casa dos días después, mientras yo tardé cerca de dos años en comprender el asunto.

A Ernesto no le importa la apología a lo extranjero. Mi sobrino no puede entender qué es una tradición importada, qué es un consumo inconsciente, en su cabecita de 6 años no hay espacio para entender que la tradición de la navidad y la de Papá Noel y la de los Reyes Magos, nos fui impuesta por la colonización económica.

Mi sobrino hace apología de una navidad sin nieve porque es el momento del año en que todos juntos, como una familia, armamos el enorme arbolito de mi abuela.

Intento no desmentir a García Márquez en sus “Navidades siniestras“, pero en mi casa, la navidad es más que un árbol lleno de luces y bolas de colores.

En mi casa sin nieve, la navidad es familia.

¡FELIZ AÑO NUEVO, AUNQUE NO TENGAS NIEVE!

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5 comentarios en “Apología a una navidad sin nieve

  1. Hola Roxy.
    Para nosotros Los Cuhanos navidades Esa costumbre
    importada. No es otra cosa que estar en familia.
    Es lo mas important para todos.
    Felicidades a todos

    • Yo también creo que eso es lo más importante. Es irrelevante si se levanta ante nosotros un pesebre con un niño al que no conocimos o si un inmenso Papá Noel -que nunca nos trae nada- nos sonríe todo vestido de rojo.
      Para los cubanos y para muchas culturas en el mundo entero, la navidad es el momento de aprovechar la nieve, o no, y pasar con tu familia los últimos días, horas, minutos… de un año que se fue. Gracias por leerme, Tony. Es bueno ir encontrando a los amigos.

  2. Pingback: Pura lógica | Yo Me Mi... pero Contigo

  3. siempre la familia… ahora mismo extraño un montón… un beso grande Rosy, muy lindo

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