Siria: Esperanza bajo sangre y humo

Bajo el humo espeso que invade las calles, solo se escucha el estruendo inoportuno de las bombas cayendo sobre la ciudad. Polvo y humo. Violencia y desolación. Pánico…

Siria se viste de sangre.

Foto: AP

Atrás quedan las mezquitas destrozadas, las escuelas en ruinas, los edificios del gobierno. Las bombas no tienen perdón y van cayendo como lluvia de muerte sobre la ciudad desamparada.

Los niños se agrupan en los pocos pupitres para recibir la clase.
Foto: Mónica G. Prieto

En medio de este caos, sin embargo, una escuela se levanta. Un centenar de niños en Aleppo se reúne a escondidas y desafía la ignorancia impuesta por la situación. Aunque hay momentos en los que el único cálculo que se realiza es el de los amigos y familiares desaparecidos bajo el augurio funesto de los bombarderos.

Hace casi dos años que la paz fue desalojada de estas tierras, cuando dejó de ser seguro caminar por las avenidas o asistir a la escuela, todo en nombre de los derechos humanos.

Hace casi dos años que muchos no ven la luz del sol, agazapados, muertos de miedo, tras el umbral de una puerta que no saben cuándo será derribada.

El peligro al ser interceptados en medio de la carretera o morir a manos de un francotirador, se hace cada vez más grande. Ante la imposibilidad de asistir a sus centros escolares, los niños acuden clandestinamente a una casa-escuela, iniciativa de Abdel Fadel, un ingeniero de la zona.

Todo en esta “escuela de campaña” ha sido adquirido a través de terceras manos. Desde pizarras, pupitres, proyectores, libros, todo se ha comprado o alquilado a colegios privados, clausurados tras la ola de violencia que azota la ciudad.

Las clases duran solo dos horas al día. Es todo lo que pueden hacer, apoyados en los escasos medios. En los momentos más difíciles, las clases se convierten en puro juego para apartar la mente de la realidad extramuros. Sin embargo, este ambiente escolar improvisado es lo más parecido a la normalidad que los niños pueden compartir.

Todo cuanto hay en el aula ha sido adquirido por el profesor.
Foto: Mónica G. Prieto

A pesar del frío y las paredes roídas por la humedad, el aislamiento parece desvanecerse en este espacio al que asisten ya 80 estudiantes de primaria y 17 de educación secundaria, para recibir inglés, árabe, matemáticas y religión.

El pago por estar allí se reduce a centavos, dinero destinado a comprar algunos alimentos para que los niños no partan hacia sus casas con el estómago vacío.

Algunos de los presentes han perdido sus hogares bajo las bombas y, ahora, los sentimientos se entremezclan entre la ira, la indignación y la tristeza, para los más grandes; la incertidumbre, para los más pequeños. La palabra de orden es CONFUSIÓN.

Afuera, Aleppo se convierte en caos. Siria toda se ahoga en una crisis que parece no acabar. Pero al interior de la casa-escuela, el mundo recobra su sentido. El jardín privado, con una higuera y varios rosales disfrutan de las risas y el juego de un grupo de niños y cinco maestros que se atreven a desafiar la realidad.

Durante dos horas, Siria es más que sangre y humo.

El patio deviene lugar de recreo y evasión.
Foto: Mónica G. Prieto

Publicado en Cubahora

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