Misterio premeditado

Como cuando te han dicho tanto que el Ratón de los dientes de leche vendrá a tu encuentro, que casi no puedes esperar a la mañana siguiente para cerciorarte de que se ha llevado un pedazo de ti. Así fue la sensación del reencuentro electrónico…

Como cuando Ulises creyó que finalmente llegaría a las costas de Ítaca y, frente a la playa añorada, un huracán de los dioses le arrebató la posibilidad de abrazar a Penélope. Eso fue verte frente a mí durante los tres minutos más cortos de la historia.

Como Alicia tras el Conejo Blanco, adentrándose en un mundo de sombrereros locos, gatos de acertijo, reinas desquiciadas, juegos de poder… sin saber si pintar rojo o blanco; si cuidar la cabeza o no. Así es ahora, y tal vez así será mañana, y luego de eso.

El chico de los claveles

Preludio.

El chico de los claveles está a contraluz, dibujando su silueta a puro trazo de sol, en los últimos suspiros de un sol habanero que no volveremos a ver juntos en mucho tiempo. A esta cita llegamos sin flores, con ultimátum, con la mochila llena de preguntas y pocas expectativas… Encontramos, sin embargo, un sitio donde saldar deudas del alma, donde ofrecer los abrazos prometidos una y otra vez.

I.

– “Este es el sitio donde viene uno a pedir matrimonio”, dice.

¡Qué paradoja! Este es el sitio donde yo le pediría a alguien que se marcha, que me ame por un día.

II.

Todos los atardeceres tienes una pizca de melancolía y sabor a despedida. Incluso los atardeceres tardíos en los que el primer beso y el último empiezan a mezclarse.

III.

Pudimos elegir no irnos.  Pudimos quedarnos en el despliegue emocional de fuegos artificiales. Pudimos y debimos detener el tiempo, muchacho de los claveles; pero habíamos pactado “sin ayer y sin mañana”… y nos despedimos al caer la noche.

Epílogo.

A veces se existe solo por un rato. Y eso está bien.

 

Tú eres como mi isla

Él tiene los ojos a medio sonreír y el entusiasmo de Cristóbal Colón y Marco Polo juntos. Tiene también el ansia conquistadora de Alejandro Magno, y la ambición de llegar a regiones prístinas y valles inexplorados de mi ser. Ha dicho que viene a redescubrirme… a repoblarme de sentimientos extraviados.

Para él poco importa que yo no me traiga el corazón a este evento. Al menos no ahora. Él me mira de frente y a rajatabla me impele: “Eres como mi isla: compleja, inexplicable, a veces desconcertante. Entre más me acerco, menos te entiendo. Pero no me voy, Rosana. No me voy”.

Y sin importar mi susto, planta bandera. Y alista los pendientes. Y se queda sin explicarme si será para siempre, si seré colonia o república…

Manual de autoayuda para el año que llega

Esta vez, saca del clóset los recuerdos y haz algo con ellos. Deja de acumular difuntos en cajas humedecidas por el tiempo; deja de amontonar zapatos por arreglar; libretas de teléfonos viejas, con números a los que jamás volverás a llamar, porque su tiempo ya pasó, porque la vida no te lleva más por la acera de esos barrios. Prende las luces de tu árbol de navidad solo lo justo: ni un día más ni un día menos, para que no se te atrasen las horas, para que empieces de cero en el momento exacto. Porque deberás empezar de cero. O más bien, yo aconsejo empezar de cero.

Hazte una pira y mira arder el recuerdo nocivo de un desafortunado amor, de la amistad perdida, de la fe rota. Abre tus ventanas a la aventura de lo inesperado. Déjate sorprender. Déjate amar, aunque eventualmente no puedas responder con la misma moneda. Invéntate un ritmo propio y baila hasta desfallecer. Deshazte del yo nocivo. Aprende a decir No y también . Escoge tus palabras. Atrévete a comenzar… Esta es tu oportunidad. Aunque igual pudo haber sido ayer o mañana, porque tu mundo puede cambiar en un momento, solo falta que te decidas.

¡FELIZ 2015!

Si te hago canción

Con toda las nostalgias reunidas, regalo un sábado para canciones. ¡Buen fin de semana!

Si te hago canción

Canción tema de la película ‘Fábula’

Si te hago canción
no te pido por eso que mueras por mí,
es tan solo un destello de tiempo,
una chispa,
un disparo perdido en el recorrido de mi hacia ti.

Si te hago canción
y al cantarla la gente se siente presente,
comprende mi amor,
que cada universo tendrá su versión
y no solo es exclusivo de nosotros dos.

Si te hago canción
me pregunto a que punto darás tu atención,
si realmente estarás conmovida
o me miraras con la cara aburrida
si cuando te cante no encuentres razón.

Si te hago canción
y de pronto me vuelvo la estrella del show
y me sobren las “grupis”, las “fans”
y los papparazzis hagan su labor,
y mas nunca te vuelvo a encontrar
y mas nunca recuerde tu olor,
si te hago canción.

Adrian Berazaín
Septiembre 2005

Desnúdate para mí

Despójate de todo. Si tienes miedo, yo también. No importa. Imaginemos que vamos solo dos, que no hay espacio para más, y lánzate.

Precipicio abajo.

En caída libre lánzate.

No prometo estar para esperarte cuando concluya la caída. No sostendré tu cabeza a tiempo para evitar se haga mil pedazos sobre el suelo.

Toma el riesgo. Saca tu ajedrez y empecemos la partida más cruenta en la historia de dos desconocidos. Sin permitir que mi dama abandone su estrategia o que tu rey se deje rendir. Pelea hasta el final, hasta que no haya sobre el tablero más que los dedos sosteniendo la última jugada.

Deja todo lo demás fuera de este espacio. No es una fiesta de amor. No es un poema, pero te invito a que vengas desnudo, desgarrado, en los huesos, con las heridas y los brazos abiertos, sin corazón o con él, no me importa. Me importa que vengas, que te traigas.

Te quiero lanzado, estrellado, deshecho, con el trozo de sentimiento que te quede o sin él.

No prometo estar. No para siempre. No hasta el happy ending. Yo solo prometo lo que puedo cumplir. Y eso es que también vendré desnuda a perder la guerra, a que me abracen los fuegos, a apostar el todo o nada de mis vagos retos de alma corroída.

Envidias

Envidio a quienes han amado con la certeza de que nunca terminará. No sé con exactitud si me resiente más esa divina ignorancia del futuro o el opio de la razón perdida.

Confieso que los envidio como -ante la inocencia arrebatada- los hijos del socialismo envidiamos en secreto a quienes aún no descubren el embuste del espíritu de la Navidad, de los Reyes Magos, Papá Noel, el Ratón de los dientes de leche y otras tantas falacias humanas heredadas de otros tiempos.