Gabo

No me conformo con que la vida pueda acabarse en un instante y pase a ser uno el recuerdo de lo que fue. No me conformo, no, con lo efímero de la esperanza. No me conformo con las ofrendas póstumas ni con que debamos conformarnos con aceptar la muerte. Me niego quedarme inmóvil. Me niego a que nos arrebaten de golpe lo querido, lo admirado… Pareciera que no me conformo, pues, con ser humana.

 

Fuera de Cuba

Capitolio

Fuera de Cuba viven hoy varios trozos de mí. Casi todos partieron soñando un pronto regreso… los años han pasado uno a uno. Yo no puedo siquiera imaginarme cómo será mi vida si algún día tengo que alejarme definitivamente del bullicio de mi calle o decir adiós a mis dos sobrinos. No sé cuán fácil o difícil será caminar por otras avenidas, subirse a un metro, comer McDonald´s, comunicarse por Skype, volverse adicto al teléfono, a los selfies… solo tengo certeza de que allá, donde quiera que se esté, anda uno todo el día buscando, intentando hacerse un huequito por donde mirar la cúpula del Capitolio, por donde respirar este mar de aguas impredecibles.

 

(Regalo pa los amigos de todas partes…)

Buena no, riquísima

Niño en Prado

No hay que engañarse: mi nombre nunca estuvo recogido en las listas de chicas lindas y populares en ninguna de las escuelas por las que pasé. Al menos, no de gratis. Sí, sí, la popularidad hay que ganarla y la verdad es que, por este cuerpo y las 99 libras que pesaba por aquellos tiempos de pre y universidad, no me ganaba muchos puntos hasta que la gente no me conocía y eso, con mi carácter… uffff, podía ser un arma de doble filo. Ciertamente, esa situación tampoco me quitaba el sueño. Aaaaahhhh, pero las cosas cambian (no lo del sueño, sino lo de las listas).

El otro día pasé cerca de un niño. Tendría unos diez años y no medía más de 1.20 metros, pero con toda su falta de estatura, una expresión digna de retrato y un desparpajo total, me soltó: “Buena no, chica, tú lo que estás es RIQUÍSSSSSSSSSSIMA”, y alargó la S como media cuadra, hasta que casi no pude escucharlo. ¡Golpe directo a mi autoestima!, que me mantuvo con una sonrisa dibujada en la cara el resto del camino, convencida de que los demás estuvieron equivocados todo el tiempo, porque los niños no mienten, no.

Can´t you hear me

♫ I am calling you
Can’t you hear me
I am calling you ♪

Bagdad Cafe´s Soundtrack

Riel smokey

(Junto a la ventana, el camino se ve igual cada mañana. La rutina de poner el café sin más sonido que el recuerdo de reparar la máquina y un par de tostadas… no a lo francés, porque eso solo sabes hacerlo tú y ahora intento desintoxicarme de ti. Me siento a escuchar un blues en lo que el café se prepara y pongo mis ojos en el camino, que está vacío como todas las mañanas; y no hago caso del gato -también en la ventana- y me quito las pantuflas que me regalaste para los días fríos y desando el suelo descalza limpiándome los pies de ti. Hago café porque sé que no te gusta, que solo lo tomas con leche: este voy a tomármelo bien negro, bien amargo… estoy olvidándome de ti. Y también voy a romper la dieta y dejar de correr en las tardes. Voy a cortarme el pelo. Más. Voy a cortarme el pelo tan corto que no me reconocerías. Y las próximas cervezas, me las beberé a tu salud: a la mierda eso de que todo el mundo es un borracho en potencia. Sigue leyendo

Fidelio y yo (+ fotos y poema)

De Fidelio no conozco nada. Salvo que le gustaban los números impares y la líneas imprecisas; que no se separaba de su cigarrillo y que andaba pesaroso, poniendo el pincel como quien dibuja el alma de las cosas: un alma difusa y etérea.

De Fidelio no necesito saber más. Solo que andaba encerrado en sí mismo, en lienzos y claroscuros tristes tristísimos, obsesionados, fantasmales, con miedos, muy Fidelio Ponce para ser de otro. Sigue leyendo